lunes, 22 de agosto de 2011
Balacera en partido da la vuelta al mundo gracias a redes sociales en la liga de futbol mexicana Santos-Morelia
Balacera en partido da la vuelta al mundo gracias a redes sociales
MÉXICO, D.F. (apro).- Al minuto 40 del primer tiempo del juego entre Santos Laguna contra los Monarcas, el relato televisivo decía: “algo pasó… la gente está saltando hacia la cancha… se escuchan disparos… al menos 8 detonaciones… estoy escuchando cinco más”.
TV Azteca suspendió su señal. El canal restringido ESPN continuó transmitiendo con imágenes del pánico en las gradas: gente corriendo, ráfagas de metralleta se escuchaban, futbolistas acudieron a salvar a su familia, entre el público.
Se especulaba si hubo heridos o no. Cerraron el estadio. La Federación Mexicana de Futbol fue la primera en dar el primer comunicado con un guión que siguieron las autoridades locales y la Presidencia de la República: “Fue una situación fuera del estadio, pero afectó el futbol. El valor familiar del futbol mexicano es un baluarte que hay que cuidar: De Maria”.
Ante la abrupta falta de información en la televisión abierta, las redes sociales, en especial Twitter, convirtió el suceso en un trending topic y comenzó a divulgarse en las páginas online de periódicos extranjeros como El País español, El Mercurio chileno que tituló: “terror en México: tiroteo en alrededores de estadio obliga a suspender partido”. Y las agencias televisivas como CNN y BBC divulgaron los sucesos.
Varias horas de silencio oficial provocaron una airada reacción entre twitteros. Las críticas se repartieron contra TV Azteca, por suspender la transmisión, contra la cuenta @FelipeCalderón y contra los hermanos Moreira, el gobernador actual de Coahuila y Humberto, el dirigente nacional del PRI.
“Ya estamos hasta la madre de que se oculte la verdad #TV Azteca”, escribió la cuenta @SubVoltaire. La cuenta @GuatiRojo sintetizó: “¿Qué puede indignar más? El corte en transmisión de #TV Azteca o los balazos per se?”. Mientras decenas retwittearon imágenes subidas por aficionados y asistentes al estadio que mostraban impactos de bala dentro del estadio, en contra de la versión oficial que comenzaba a difundirse.
“TV Azteca tiene el binomio controversial del día: #LaTeniente y #La Parcialidad-futbol”, escribió la cuenta @CarlosGarba. Incluso, hubo algunos como @UdG_política (Mireya Franco) salió en defensa de la televisora con estas expresiones: “Inmediatamente los malnacidos abusan de su libertad de expresión. Un acto de responsabilidad televisiva es tergiversado”.
El cómico Eugenio Derbez la hizo de vocero oficioso en su cuenta y quiso bromear: “Acabo de hablar con el Perro Bermúdez y dice que lo del estadio de Torreón NO fue una balacera… fue un TIRITITITO nada más”. La ola de críticas obligó a @EugenioDerbez a borrar el mensaje. Hasta al otro cómico de Televisa, Facundo, le tocó la ira en redes sociales por un mensaje fallido.
Los canales MilenioTV y ForoTV, ambos filiales de Televisa, comenzaron a transmitir imágenes, información y testimonios, dándole mayor peso a la versión de que el enfrentamiento fue afuera del Estadio Corona. Jesús Flores, fiscal general de Coahuila afirmó que la balacera inició cuando una camioneta ignoró un alto en el retén de revisión.
Sin embargo, los twitteros insistieron en decenas de mensajes como éstos: @Zozounderground: “Eso es Iniciativa México. Balaceras? Claro que no! Eran cuetes!”. @carmen_2202 afirmó: “Tal vez las balas no iban en contra de los civiles, pero la falta de seguridad es una agresión a la integridad de cualquiera!”.
Los twitteros que estuvieron en el estadio insistieron que los balazos fueron adentro, a pesar de una intensa corriente de trolles y otras cuentas en la red social que pretendieron desacreditar esta versión y condenar la inseguridad en Coahuila, bajo el gobierno de los Moreira, la “guerra” de Calderón y la Iniciativa México, impulsada por las dos grandes televisoras comerciales.
Efectivamente, los sucesos dieron la vuelta al mundo. Hasta entrada la noche dominical la Presidencia de la República emitió un comunicado condenando la violencia, insistiendo en que la balacera fue al exterior del Estadio Corona. Y hasta la Secretaría de la Defensa Nacional se deslindó frente a las versiones de que habían algunos militares heridos.
Unificar la versión ya era muy difícil. En Youtube estaban los videos de los propios aficionados donde se escuchan las ráfagas muy cerca de las gradas. En Facebook se abren foros de discusión críticos al PRI y a los Moreira, a Calderón y a la Federación Mexicana de Futbol. En Twitter la balacera fue el tema más comentado la noche del sábado 20.
http://www.proceso.com.mx/?p=279217
lunes, 15 de agosto de 2011
Una buena razón para estar orgulloso de estudiar en la UACM ¡¡¡A defender la filosofía y la educación pública!!!
Enrique Dussel
Por lo general, los programas de la licenciatura o bachillerato de filosofía tienen, tanto en Europa como en América Latina, pero especialmente en Estados Unidos, dos limitaciones fundamentales.
En primer lugar, una visión “eurocéntrica” de la historia y de los problemas filosóficos, que lleva, por ejemplo, a pensar que la evolución de las filosofías griega y romana pasan directamente a la Edad Media latina, y rematan en la modernidad europea. Una línea recta pasaría de la antigüedad, por la dicha Europa medieval hacia la modernidad. Esto lleva a despreciar, entre otros aspectos, a la filosofía que se ha practicado y practica en América Latina. Recuérdese que el profesor Antonio Rubio de la Universidad de México a finales del siglo XVI editó la Lógica en la que estudió René Descartes esa materia en 1612 en La Flèche.
El otro defecto, en segundo lugar, que se encuentra frecuentemente en las escuelas filosóficas es que un “estilo” filosófico (por ejemplo, el “analítico” en Estados Unidos o en la Facultad de Filosofía de la UNAM) domina sobre otros “estilos” (como el llamado despectivamente “continental”: corrientes filosóficas tales como la fenomenología, la ontología existencial, el estructuralismo, el marxismo, etcétera). Y bien, ambos aspectos limitantes se intentan superar en el programa de filosofía de la UACM, avanzándose en este aspecto en decenios a otras facultades o colegios de filosofía.
La UACM (Universidad Autónoma de la Ciudad de México) tiene un programa de filosofía que se propone dejar atrás al eurocentrismo. Así, en la Historia de la Filosofía, desde el primer semestre, se estudian los primeros grandes filósofos de la humanidad (de China, India, los presocráticos y algunos filósofos de nuestros pueblos originarios). Esto supone, ciertamente, una definición de la filosofía no eurocéntrica (ni meramente “moderno europea”). Si “filo-sofía” es amor a la sabiduría un Nezahualcoyotl o un Tlacaelel (como lo ha enseñado Miguel León-Portilla)2 pueden incluírselos entre ellos, ya que fueron sabios o tlamatini, en el primer caso rey y en el otro consultor de los primeros reyes aztecas. En un segundo semestre, se abordan las grandes ontologías (el taoísmo, confucionismo, filósofos clásicos hindúes, Platón, Aristóteles, el neoplatonismo y los filósofos romanos). En un tercer semestre, se estudian las filosofías que se conectaron por la “ruta de la seda”, desde las china e hindú, la bizantina, muy especialmente la árabe y su prolongación en la Europa latina (muy posterior esta última, ya que accede por ejemplo a Aristóteles por Avicena, Alfarabi o Averroes). Y así en los otros semestres. Es decir, el alumno puede tener una visión planetaria de la filosofía de la humanidad en estos tiempos de globalización, y no sólo del mundo Mediterráneo o de la Europa latino-germánica.
En segundo lugar, el gran defecto de que una escuela filosófica practique sólo un “estilo” filosófico, no es sólo una limitación del claustro de profesores, sino, y es lo peor, no ofrece a los estudiantes la posibilidad de seguir su propia vocación filosófica. ¿Para qué le sirve a un estudiante, que quiere especializarse en “filosofía estética”, seguir largos cursos especializados de lógica, filosofía del lenguaje, filosofía de la ciencia, filosofía de la argumentación, etcétera (de las que debe tener ciertamente los instrumentos mínimos necesarios para una formación general, pero cuando no piensa especializarse en lógica y epistemología, por ejemplo)? ¿Cómo evitar intentar enseñar a todos los alumnos todas las especialidades (lo que es imposible), o pretender instruir en una sola especialización a todos (lo que desalienta a los que no les interesa esa especialidad)? La UACM intenta solucionar esa aparente aporía.
En efecto, se dictan cursos de estudios generales y se exige al alumno que cumpla con un currículo mínimo necesario para poder obtener la licenciatura o bachillerato en filosofía, pero la mayor parte de la formación se hace por especialidades, que son de libre elección por parte del alumno en cuatro niveles: los que prefieren 1) historia de la filosofía, 2) lógica y epistemología, 3) filosofías prácticas (de la economía, de la política, de la teoría crítica, etcétera), o 4) los tratados clásicos filosóficos (ontología, antropología filosófica, etcétera). De esta manera el alumno tiene una formación general filosófica, pero al mismo tiempo comienza una especialización en un ámbito filosófico que ha podido elegir según su vocación, y que le abrirá el camino a la maestría y doctorado en los mismos niveles, llegando a una adecuada formación.
Además, la filosofía mexicana y latinoamericana ocupa un lugar especial desde el origen de la formación del estudiante, para permitirle poder saber “situarse” en su propia realidad histórica, y conocer los problemas y los filósofos de su propia cultura (evitando nuevamente un “eurocentrismo” de nocivos efectos alienantes).
Este programa es el primero en su género en América Latina (y uno de los primeros en el mundo), evitando también lo que acontece frecuentemente en el así llamado “Oriente” (vengo de dictar una cátedra de filosofía en la Universidad Nacional de Corea, en Seúl) de simplemente yuxtaponer la filosofía moderna europeo-estadunidense con la filosofía tradicional oriental, sin articularlas adecuadamente.
El programa de filosofía de la UACM es, en este caso, pionero con respecto a las grandes universidades de México, Brasil o Argentina, y a la de la mayoría de Europa y Estados Unidos. Una experiencia a ser valorada por su innovación, y por lo tanto merece ser apoyada y reconocida.
1 Filósofo
2 Véase de E. Dussel y otros, El pensamiento filosófico latinoamericano (1300-2000), Siglo XXI, 2da. Ed. 2011.
________________
http://www.jornada.unam.mx/archivo_opinion/autor/front/78/24563/y/un-programa-ejemplar-de-filosofa
http://www.enriquedussel.org/
Para reflexionar... eso nos puede pasar a cualquiera.
Escrito minutos después del asalto
Son las 4:43 de la mañana del día 11 de agosto de 2011.
Hace aproximadamente dos horas un grupo de hombres armados irrumpieron en mi casa ubicada en Conkal 266 (esq. Becal), Col. Torres de Padierna, 14200, México, D. F.
Comenzamos a escuchar golpes violentos como contra una puerta metálica y me extrañó porque se escuchaba demasiado cerca y no hay ninguna puerta así en la casa.
Prendí la luz.
Los golpes arreciaban ahora como contra nuestras puertas de madera.
Quité la tranca que protege la puerta de nuestra recámara y me asomé al pasillo: hacia el comedor veía luces (¿verdosas? ¿azulosas? ¿intermitentes?) acompañando los golpes violentos contra el cristal que da al sur.
Mi mujer me gritó que me metiera.
Así lo hice apresuradamente y alcancé a poner la tranca de nuevo.
Oí cristales rompiéndose y pasos violentos hacia nuestra recámara: rápidos y fuertes.
“¡Abran la puerta!” era el grito que se repetía antes de que empezaran a golpear con violencia mayor nuestra puerta con tranca.
Nos encerramos en el baño y busqué a tientas un silbato que cuelga de un muro sin repellar: comencé a soplarlo con desesperación, unas diez veces, quizá.
Mi mujer está llamando a la policía.
Les dice que están entrando a la casa, que vengan pronto por favor, que nos auxilien.
Yo sigo soplando el silbato con desesperación.
En la oscuridad, mi mujer se ubicó tras de mí mientras oíamos que la tranca de la puerta se quebraba y los hombres entraban.
¿Tres, cuatro, cinco?
Quise cerrar la puerta del baño pero ya no alcancé a hacerlo.
Empujé unas cajas hacia dicha puerta y en algo estorbó los empujones.
“¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta, hijos de la chingada…!” gritaban mientras empujaban y metían sus rifles negros hacia el interior.
Quise detener la puerta con mis manos pero no tenía sentido: vencieron mi mínima resistencia y entraron.
Policías vestidos de negro, con pasamontañas y lo que supongo que serían “rifles de alto poder”.
“¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Al suelo, hijos de la chingada! ¡Al suelo y no se muevan!”
Uno de los hombres me da un manazo en la cabeza y me tira los lentes.
Alcanzo a pescarlos antes de que toquen el suelo.
Me quita el silbato.
−¡No golpee a mi esposo! –grita mi mujer.
−¡El teléfono! ¡Déme el teléfono! –le responde y pregunta si no tenemos otro teléfono o un celular.
Ella y yo nos arrodillamos primero y después nos medio sentamos en el suelo de cemento de este baño sin terminar.
Policías jorobados y nocturnos, como en el romance de García Lorca.
Quién lo diría: aquí, en nuestra amada casa donde cultivamos y enseñamos la armonía.
Aquí…
Justo aquí estos hombres de negro, con pasamontañas, con guantes, con rifles de asalto, con chalecos o chamaras que tienen inscritas las siglas blancas PFP, nos apuntan con sus armas a la cabeza.
Uno de ellos, siempre amenazante, nos interroga.
Dos más permanecen en la puerta.
− ¡Las armas! ¡Dónde están las armas!
− Aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo.
− ¡A qué se dedica!”
−Soy psicoterapeuta y escribo libros.
−¿Desde cuándo vive aquí?
− Desde hace treinta años…
−Cómo se llama.
−Efraín Bartolomé.
−Cuántos años tiene.
−60.
−A qué se dedica.
−Ya se lo dije, señor, soy psicólogo y escribo libros.
−Usted cómo se llama… –se dirige a mi mujer.
−Guadalupe Belmontes de Bartolomé.
−A qué se dedica.
−Soy arqueóloga y ama de casa.
−Cuántos años tiene.
−54.
−Tranquilos. Respiren profundo… Voy a verificar los datos.
El hombre sale.
Oigo ruidos en toda la casa.
Están vaciando cajones, abriendo puertas, pisando fuerte sobre la duela de madera.
Oigo ruidos afuera, en el cuarto de huéspedes, en la torre, en el estudio de abajo.
Nos cambiamos de posición.
Mi mujer pone algo sobre el frío piso de cemento.
Cinco o siete minutos después regresa el hombre y repite su interrogatorio.
Si recibimos gente en la casa, con qué frecuencia, cada cuánto salimos de viaje, quién cuida entonces.
Respondemos a todo brevemente.
Dice nuevamente que va a verificar los datos y que volverá a decirnos porqué están aquí.
El tiempo pasa.
Oímos que abren nuestro carro en el garage.
Voces ininteligibles en el patio del norte.
Más tiempo.
Varios minutos después se oyen motores que se prenden y carros que arrancan.
Mi mujer y yo seguimos en la oscuridad.
Comenzamos a movernos.
Sólo silencio.
Nos incorporamos con cierto temor.
Salimos del baño hacia la recámara iluminada.
Desorden.
Cajones abiertos.
Cosas volcadas en el buró.
La chapa de la puerta en el suelo.
Restos de la tranca destrozada.
La puerta de tambor machacada y rota, pandeada en su parte media.
Salimos al pasillo: un cuadro en el suelo y abiertas las puertas de lo que fueron las recámaras de mis hijos.
Desorden en el interior: maletas y cajas abiertas, cajones vaciados.
Vamos hacia el comedor: uno de los vidrios roto en su ángulo inferior izquierdo, muchos cristales en el piso.
La puerta de la sala está rota de la misma forma en que rompieron la de nuestra recámara: la chapa en el suelo y fragmentos de duela en el piso.
Está abierta la puerta de la torre y prendidas las luces del cuarto de huéspedes.
Salimos por la puerta de la sala y nos asomamos con cierto temor.
Nada.
Mi mujer llama por segunda vez a la policía.
Es en vano: piden los datos una vez más.
Dicen que ya enviaron una unidad.
Llego a la barda y me asomo: no hay carros.
El portón del garage está intacto.
Bajamos las escaleras hasta la puerta de acceso: rota igual que las de adentro.
El estudio de abajo está con las luces prendidas.
De por sí desordenado, ahora lo está más.
Vamos hacia la torre y entramos al cuarto de huéspedes: cajones volcados, revistas en el suelo, cosas sobre la mesa, puertas del clóset colgando, zafadas de su riel inferior.
Subo al tercer piso: una esculturita de alambre volcada pero no se nota demasiado desorden.
Subo a los pisos superiores: no hay daño en la salita de arte.
En el último piso dejaron abierta la puerta a la terraza.
Volvemos al interior: queremos tomar fotos pero no está la cámara de mi mujer que estaba sobre el buró.
“¡Tampoco está la memoria de mi computadora!”, grita.
También se la llevaron
Quiero ver la hora y voy al buró por mi reloj: ha desaparecido mi querido Omega Speedmaster Professional que me acompañó por casi cuarenta años.
Tiene mi nombre grabado en la parte posterior: Efraín Bartolomé.
Oímos que un auto se estaciona y nos asomamos.
Mi mujer llama una vez más a la policía: lo mismo.
Ya tienen los datos pero nunca enviaron apoyo.
Indefensión.
Del auto blanco baja un joven y avanza hacia la esquina.
Se asoma y regresa.
Lo saludo y responde.
Le preguntamos qué pasa y responde que viene en atención a una llamada de su amiga que vive a la vuelta y a cuya casa también se metieron.
Mi mujer pregunta de qué familia se trata, cómo se apellida.
Magaña, responde el joven.
¡Es Paty!, dice mi mujer.
Salimos a la calle y voy hacia allá.
Encontramos a Patricia Magaña, bióloga, investigadora universitaria, acompañada de su papá, en la calle.
Entraron a ambas casas la de ella y la de sus padres, con la misma violencia que a la nuestra.
Patricia y su hija estaban solas.
Sus padres octogenarios también estaban solos.
Volvemos a nuestra casa vejada y con la puerta rota.
Atranco la destruida puerta de la calle.
Con todo, mantenemos una sorprendente calma.
“Pudieron habernos matado”, dice mi mujer.
Yo imagino por unos segundos nuestros cuerpos ensangrentados en el baño en desorden.
¿Sabe el presidente Calderón esto que pasa en las casas de la ciudad?
¿Lo sabe Marcelo Ebrard?
¿Lo sabe el procurador Mancera?
¿Ordenan Maricela Morales o Genaro García Luna estos operativos?
¿Sabrán quién fue el encargado de este acto en contra de inocentes?
Antenoche volvimos a casa levitando, en la felicidad más plena, tras la amorosa y conmovedora recepción del público ante nuestro libro presentado en Bellas Artes.
Un día después, en la atroz madrugada, la PFP irrumpe violentamente en nuestra casa, quiebra nuestras puertas, destruye los cristales, hurga sin respeto en nuestra más íntima propiedad, nos amenaza con armas poderosas a mi bella mujer y a mí, a la edad que tenemos…
Y pensar que también son humanos los que hacen esto contra su prójimo.
Subo al estudio a escribir esto.
Allá, abajo, la ciudad parece embellecida por la calma.
Arriba la impasible Luna de agosto, casi llena.
Son ya las 6:35 de la mañana.
La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte.
La policía nunca llegó.
¿De verdad estamos tan solos?
Efraín Bartolomé
jueves, 7 de julio de 2011
Interesante reflexión
Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida.
No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.
O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al "use y tire" ni al "compre y compre" ni al "desechable".
Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.
Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos. nuestros nenes. apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Sí, ya sé. a nuestra generación siempre le costó tirar.
¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!
Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.
Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.
Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están jodiendo!
¡¡Yo los descubrí. lo hacen adrede!!
Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.
Nada se repara.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon.
La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo.
Y no es que haya sido mejor.
Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo".
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo.
¡Toooodo!
Lo que servía y lo que no.
Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Le dábamos crédito a todo.
Sí. ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.
Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera. y no sé cómo no guardamos la primera caquita.
¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.
El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos.
¡¡Cómo guardábamos!!
¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!
¡¿Cómo para qué?!
Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.
Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.
Y las cosas que nunca usaríamos.
Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas!
Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.
Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.
No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía "éste es un 4 de bastos".
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.
Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.
Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron "Tómese el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero. ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.
Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
No lo voy a hacer.
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.
No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano ... y sea yo el entregado.
Y yo...no me entrego.
Escrito por Marciano Duránhttp:/ www.marcianoduran.com.uy
